DIOS NO ES AMOR

Así es; Dios no es amor si no todo lo contrario… Amor es Dios. Es el sentido y la dirección correcta si deseamos de verdad que nuestro crecimiento espiritual esté coordinado con nuestra esencia, la interacción con nuestra familia, parientes, amigos y la sociedad en general.

Estamos  cada día recibiendo el mensaje que Dios es Amor; éste es un mensaje que no aporta reciprocidad al romántico esfuerzo que implica su masivo adoctrinamiento en la bondad de Dios. Pues no hay resultados. Los creyentes se corrompen día a día, sin control. Ello demuestra que este pequeño aporte está mal planteado. Veamos:

Cuando decimos que Dios es Amor no nos estamos comprometiendo en el proceso; inconscientemente asumimos que es asunto de Dios el que él sea Amor, no es mi asunto, yo solamente estoy para «recibir su amor», no para  compromete “a mí”, con mi entorno. Que Dios sea Amor es un compromiso de él con su creación.  Que Dios sea Amor, es un compromiso de él con nosotros para aliviarnos las penas, suplir nuestras necesidades, hacer que todo nos salga bien. Nosotros solo pedimos y él tiene que dar. Aun disponiendo con incredulidad nuestro espíritu pedimos de todo; Dinero; que nos quieran, que encontremos con quien casarnos, que tengamos fuerzas para divorciarnos, que aparezca un objeto perdido, que nos proteja en la calle, pedimos por la salud nuestra o la ajena, viajes, de forma insólita pero común: castigos/venganza.

Invirtamos ahora entonces la orientación del sentido tradicional y asumamos que el amor de Dios, del que queremos beneficiarnos debe brotar  primero de nosotros, desde nuestro interior. Se iniciaría así, el verdadero sentido de lo que pretendemos: la  integración con Dios y el servicio a los demás. Esta es la única forma de sana y de progresista convivencia, ésta es la esencia del amor que sana, que le da salud y energía positiva a nuestro cuerpo, a nuestra alma y a la interacción entre los humanos. Nuestra actitud debe ser de Amor hacia los demás.

Así, ya estaríamos yendo así hacia una sociedad saludable. El trato entre sus miembros sería amable, respetuoso, considerado, ético. Se acabarían los adictos a la patanería y a los que han hecho de la grosería y el egoísmo un estilo de vida. Tendrían que cambiar ya fuere por convicción o por vergüenza, dado que la sociedad lo observa. Pasarían de ser forzados a ser motivados. Hay que tener en cuenta que el Amor es un sentimiento que debe estimularse y desarrollarse.

Viviríamos relajados y sin psicotrópicos, sin tantos temores, sin odios, ya que el amor no te deja incitar el espíritu a la belicosidad, ni a la ofensa y si no hay ofensa no tendríamos nada que perdonar. así sería más fácil.

Una vida en actitud de amor diluye el salvajismo social al que estamos avocados.

Una actitud de amor no implica ceder los espacios ni la individualidad ni la privacidad ni mucho menos el instinto de conservación con el que todos nacemos.

Es tener el sentido de pertenencia por la seguridad, la paz y la  prosperidad tanto personal como de los demás.

La actitud de amor permite la competencia sin pretender eliminar para siempre al contrincante.

Pienso que si Dios anunciara que se va de vacaciones por 30 años y que los humanos nos encarguemos de nosotros mismos y de éste planeta, de su propio entendimiento, de su destino,  sin opción de pedir ayuda, con el único consejo  que nos cuidemos entre si y que nos pongamos de acuerdo entre nosotros para convivir saludablemente, entonces comprenderíamos nuestra propia responsabilidad. Pero dudo de un cambio para bien.

Para tener algo parecido a un paraíso, debemos depender menos de Dios y más de nuestra propia responsabilidad pasará lo mismo que el halcón aquel que nunca quiso volar, hasta que le cortaron la rama y no tuvo más remedio que abrir sus alas para no caer.

Dejaremos de encomendarle a Dios los más mínimos detalles y comenzaremos a tener  sentido de pertenencia por nuestra felicidad y la de los demás.

No creer que querer a Dios o a Jesús y rechazar al prójimo, es lo correcto.

Iniciemos ya nuestra actitud de amor y comencemos, por las personas que viven bajo nuestro mismo techo y después esparzámoslo por donde vayamos….y entonces veremos a Dios…..o quien sabe si…posiblemente…nos convirtamos en Dioses llenos de amor.

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